sábado, 26 de agosto de 2017

Crónica de un viaje a Serbia - 1ª parte: Llegada y Novi Sad

Aprovechando que unos amigos iban a pasar unos días en Belgrado, con ocasión del Festival de Cerveza de la ciudad, he hecho un pequeño viaje a Serbia. Dejo aquí la crónica del viaje, con información útil para el que desee visitar el país y en general, para el que quiera conocerlo. 

Uno de los monumentos emblemáticos de la ciudad de Novi Sad, en el norte de Serbia, es su ayuntamiento, construido en 1893-95 en estilo neo-renacentista según los planos del arquitecto húngaro György Molnár, nacido en la ciudad.  Ante el ayuntamiento se encuentra la estatua a Svetozar Miletić, uno de los principales dirigentes políticos de los serbios en el Reino de Hungría. La estatua es de 1939 y el autor fue el célebre arquitecto croata Ivan Meštrović.

Serbia es un país precioso, interesante y además barato, con un montón de cosas que ver, con gente muy amable y con una atmósfera inigualable. Así que bien se merece una visita en profundidad. Respecto a la moneda, en Serbia se usa el dínar serbio, cuyo valor actualmente es de unos 120 dínares por euro. En general los días de estancia allí en las oficinas de cambio nos han dado unos 117-119 dínares por euro, dependiendo de la zona, el día y la oficina. Pero no me ha parecido ver la diferencia tan abismal que puede haber por ejemplo en Hungría dependiendo de las casas de cambio.

Otro de los símbolos de la ciudad  de Novi Sad es la Iglesia católica de la Virgen María, construida en 1891-94 en estilo neogótico, también sobre los planos de György Molnár. El techo está cubierto con la célebre cerámica Zsolnay de Hungría. 


Yo llegué desde Budapest. Hice el recorrido en el tren Ivo Andric, que salía a las 8:05 de Budapest y llegaba a las 12:26 a Subotica, la primera parada en Serbia. Subotica, en húngaro Szabadka, es una ciudad bastante importante, situada practicamente junto a la frontera y con una rica tradición cultural húngara (ya que hasta 1918 perteneció a Hungría y todavía hoy el 33% de su población es húngara). El billete desde Budapest cuesta 18,10 euros ida y vuelta (5611 forint, muy barato). El tren continúa hasta Novi Sad (Újvidék en húngaro, 20 euros ida y vuelta) y Belgrado (26 euros ida y vuelta). Hay también una oferta especial solo ida, aunque el número de billetes con ese precio es limitado (Belgrado, 15 euros ida). Tened en cuenta que los billetes ida y vuelta son una oferta especial y en realidad salen muy baratos. Más por ejemplo que si uno usa el método que muchos hacíamos hace tiempo en viajes internacionales, ir hasta la frontera en trenes locales, cruzarla en trenes internacionales hasta la primera parada del otro país y volver a trenes locales. Antes, hace años, merecía la pena y te podías ahorrar dinero haciéndolo. Ahora, con estos precios, no hay color, mejor ir en el tren internacional. 


En la Plaza de la Libertad de Novi Sad, junto al ayuntamiento y la Iglesia de la Virgen María. El primer edificio de la derecha, es la Caja de Ahorros de Novi Sad - hoy Banco de Voivodina -, construido en 1907 en un delicioso estilo art decó según los planos del arquitecto húngaro Lipót Baumhorn. El del centro es el Hotel Grand Mayer, construido en estilo neobarroco en 1893, actualmente pertenece al Banco de Voivodina. En este edificio tuvo lugar en 1918 el Congreso que decidió la unión del Banato, Bachka y Baranya al Reino de Serbia.  Los otros dos edificios son el Centro Comercial Apolo, el primero de ellos, la casa de Jovan Hadžić, del siglo XVII, y renovada en 1841 en estilo clasicista. Por cierto, Jovan Hadžić fue uno de los fundadores de la "Matica Srpska", para preservar y desarrollar la cultura serbia.  

Como al final del viaje iba a pasar de nuevo por Subotica, ahora estuve de paso. Cambié dinero, di un breve paseo por el centro, que está muy cerca de la estación de tren, y me volví a la estación para coger el tren hacia Novi Sad. Por eso de Subotica, que se merece una entrada aparte, hablaré posteriormente. Ir en tren a Novi Sad no fue buena idea, los trenes son nuevos y cómodos, pero el viaje se hace pesadísimo porque la velocidad alcanza a duras penas los 40 km/h, supongo que por problemas con la vías, además para en muchos sitios, a veces incluso en mitad de la nada. Vamos, que si no fuera por el equipaje, a uno le daban ganas de salir e ir andando. Así se explica que se tarden casi tres horas en hacer los apenas 100 km que hay entre las dos ciudades... Por cierto, el billete me costó 434 dínares (algo así como 3 euros y medio). 

Calle peatonal Dunavska, en su esquina con la también peatonal, Zmaj Jovina, que es la calle principal del centro histórico de la ciudad.

En Novi Sad la estación de tren y la de autobús están al lado una de otra (como en muchas ciudades serbias, aunque no siempre). Mi alojamiento estaba en el Hotel Garni Rimski (Jovana Civijica, 26), a unos 10 minutos de la estación de tren y otros 10 del centro. Es un hotel modesto, pero con excelente relación calidad-precio (a mí me costó 18 euros la noche) y el personal es muy simpático, aunque eso me ha parecido algo característico en toda Serbia. 

Mosaico del interior de la Estación de Tren de Novi Sad. La estación fue construida en 1964 según planos de Imre Farkas. 

Novi Sad, la capital de Voivodina, es la segunda ciudad más importante de Serbia. Según el censo del 2011 tiene más de 250 mil habitantes (casi 350 mil si contamos la aglomeración urbana). La población es principalmente serbia, con casi el 80% de los habitantes, el 4% es húngara, y hay también minorías croatas, gitanas, montenegrinas o eslovacas. Además, todavía el 0,8% de la población se considera yugoslava (en el censo anterior, del 2003, los húngaros eran todavía el 6% y los yugoslavos el 5%). Novi Sad es una preciosa ciudad, elegante y llena de vida, que tiene numerosos monumentos y mezcla una arquitectura centroeuropea, que recuerda al Imperio Austro-húngaro, con una atmósfera balcánica (gente muy simpática y abierta, vida animada hasta altas horas de la noche, etc).  Como suele ser habitual, lo interesante se concentra básicamente una calle central peatonal con una gran plaza (la Plaza de la Libertad/ Trg Slobode) y en algunas encantadoras calles laterales con monumentos, terrazas, cafés, etc. 

Palacio Episcopal de Novi Sad, construido en 1901. A la derecha, aunque no se ve en la foto, se encuentra la Catedral Ortodoxa. Frente al edificio, la estatua a Jovan Jovánović Zmaj (Zmaj es el pseudónimo que solía usar), destacado poeta serbio, cumbre del romanticismo. Por cierto, traductor de Sándor Petőfi (uno de los grandes poetas húngaros) al serbio. 


 Pero además, en el caso de Novi Sad, destaca la fortaleza de Petrovaradin y el barrio a su alrededor. Petrovaradin está en un monte al otro lado del Danubio y desde allí ofrece unas vistas impresionantes sobre la ciudad. El barrio de Petrovaradin está en muy mal estado, pero es una preciosidad y recuerda por ejemplo a barrios históricos de Budapest u otras ciudades del Imperio Austro-húngaro. 

Vista de la fortaleza de Petrovaradin, con su célebre reloj, desde el puente de Varadin que comunica el centro de Novi Sad con Petrovaradin. Fue construida por Austria entre 1692 y 1780 en el marco de las guerras con el Imperio Turco según los planos del arquitecto francés Vauban.  

En la zona de Petrovaradin hay restos de la época romana (un asentamiento llamado Cusum, luego Acumincum). El nombre de Petrovaradin lo recibió por que su propietario en el siglo XIII era un tal Peter, y la localidad aparece mencionada ya con ese nombre (Petruvárad, el Castillo de Pedro) en 1237. La ciudad perteneció al Reino de Hungría hasta que en 1526 fue ocupada por los turcos y solo pudo ser liberada en 1688, aunque en 1694, durante un breve periodo, fue recuperada por los turcos. Precisamente la fortaleza fue construida como defensa contra sus ataques. En 1716 el Príncipe Eugenio de Savoya logró aquí una importante victoria, lo que significaría la expulsión definitiva de los turcos de estas tierras. La parte en la otra orilla del Danubio, vamos, lo que es hoy el centro de Novi Sad, tuvo algunas pequeñas poblaciones no muy destacadas y con la ocupación turca quedó despoblada. Parece ser que en 1694 un grupo de serbios se asentó aquí fundado realmente la ciudad de Novi Sad ya que tenían prohibido vivir en Petrovaradin (por ser ortodoxos). La ciudad creció rápidamente hasta convertirse en 1748 en ciudad real libre. En el siglo XVIII-XIX Novi Sad fue el centro de la cultura serbia, ya que la mayoría de los territorios serbios estaban bajo dominio turco, y en el Imperio de los Habsburgo existían mejores condiciones para el desarrollo de la cultura serbia (además existía interés por apoyar la lucha de los pueblos oprimidos por el Imperio Turco, naturalmente). De hecho fue llamada la Atenas serbia y según algunos era la mayor ciudad de población serbia en la época (lo cierto es que parece que hasta mediados del siglo XIX estaba a la par que Belgrado). La ciudad (que pertenecía al reino de Hungría) sufrió bastante durante la guerra de liberación húngara de 1848, por la importancia de la fortaleza de Petrovaradin. Se calcula que perdió la mitad de su población durante los combates y la represión contra la población serbia - que era la mayoritaria en la ciudad - por parte de los húngaros. Luego poco a poco se recuperó y fue aumentando también el peso de la población húngara (aunque es discutible en qué medida, ya se sabe cómo son las estadísticas). Según las estadísticas oficiales húngaras, en 1910 la población húngara era ya el 40% de la población, frente al 35% serbio, el 18% alemán y el 5% eslovaco. En cuanto a la religión los datos parecen confirmarlo. En 1918 la ciudad pasó a formar parte del Reino de Serbia y posteriormente, por resumirlo un poco, del Reino de Yugoslavia.  Para 1920 la población serbia representaba el 41%, la húngara el 33%, la alemana el 17%. Durante el periodo de entreguerras el porcentaje de población serbia fue aumentando mientras bajaba el de población húngara y alemana, hasta que en 1941 el ejército nazi y el húngaro atacaron Yugoslavia sin declaración previa de guerra. Hungría acababa de firmar un acuerdo de amistad eterna con Yugoslavia, que buscaba apoyos contra el revisionismo italiano, pero la presión de Alemania y de los círculos proalemanes en el país se impuso (sí, unas buenas purgas en Hungría y otros países contra las élites pronazis tal vez habría cambiado algo las cosas, y no le habrían hecho casi todos el paseillo a los alemanes, pero el único que las hizo ya sabemos quien fue). Se dio incluso el caso de que el jefe del ejército húngaro preparó el plan para la intervención húngara sin ni siquiera consultar con el gobierno, aunque Miklós Horthy, el regente, acabó apoyando los planes de Alemania. Como consecuencia, el primer ministro húngaro, Pál Teleki, contrario a la invasión de Yugoslavia, se pegó un tiro el 3 de abril de 1941, unos días antes de que las tropas húngaras entraran en el país. Como "premio"  por la invasión, Hungría recibió varios territorios que reclamaba (aunque no todos), entre ellos Novi Sad, aunque Petrovaradin fue anexionado a Croacia. Los húngaros crearon campos de concentración para deportar a parte de la población local y tuvieron lugar masacres contra los serbios. El escritor húngaro Tibor Cseres describe el inicio de las matanzas en su genial novela "Días fríos" (Hideg napok, 1964). De hecho, es tristemente conocida la llamada "Matanza de Novi Sad", en la que los gendarmes y militares húngaros asesinaron a varios miles de personas, serbios, judíos y comunistas, muchos fueron arrojados al Danubio helado. Por supuesto, tras la caída del socialismo en Hungría se puso de moda callar sobre lo sucedido en Voivodina y resaltar las atrocidades de 1944-45 que realizaron los partisanos contra la población húngara (y que también tuvieron lugar). Tras la Segunda Guerra Mundial Novi Sad pasó de nuevo a formar parte de Yugoslavia y poco a poco fue aumentando el porcentaje de serbios y bajando el de húngaros (en 1991 los serbios eran el 64%, los húngaros el 9% y los yugoslavos el 14%). El porcentaje de serbios ha aumentado también porque muchos de los refugiados serbios de Croacia y Kósovo han sido acogidos en Novi Sad. La última gran tragedia de la ciudad fueron los bombardeos criminales de la OTAN en 1999 que causaron graves daños (se habla más en detalle de ello en las fotos), pero en la actualidad no quedan restos visibles más allá de los pilares de algunos puentes bombardados en el Danubio.

El reloj de la fortaleza de Petrovaradin, que tiene la aguja de las horas más larga que la de los minutos. 
En el barrio de Petrovaradin.
Vista del barrio de Petrovaradin desde la fortaleza. En segundo plano, los arcos del puente Žeželj en construcción actualmente (para sustituir al que fue volado por los asesinos de la OTAN en 1999).

La ciudad fue duramente bombardeada por los terroristas de la OTAN en 1999. Por ejemplo todos los puentes de la ciudad fueron destruidos en los bombardeos, así como numerosas instalaciones industriales, de transporte, administrativas, etc. En la foto, el Puente de la Libertad, reconstruido en el 2005.  Tengo la imagen del puente destruido grabada en la retina, por la vez  anterior que estuve en Novi Sad, entonces solo se veían los pilares del puente en el río. ALGUNOS NO VAMOS A OLVIDAR LO QUE HICIERON LOS ASESINOS DE LA OTAN. El puente que va desde el centro de Novi Sad, el de Varadin fue construido en el 2000, en lugar del puente anterior, claro está, destruido también por bombardeos "democráticos" y "respetuosos con los derechos humanos"....
Casa en Petrovaradin.
Petrovaradin, de noche.
Todavía en Petrovaradin.
Vista de la Fortaleza de Petrovaradin desde la cabeza del puente de Varadin, todavía en el mismo barrio. Volem: "Te queremos, te amamos" (en serbio).
Petrovaradin de noche. Vista desde el otro lado el puente Varadin.

Calle Dunavska desde el parque Dunavski.


Vista desde la plaza que da al lateral de la Iglesia de la Virgen María. En la calle Katolička Porta.
Un último vistazo a la Plaza de la Libertad de Novi Sad y a la Iglesia de la Virgen María, que los locales llaman directamente "Catedral".

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