miércoles, 15 de marzo de 2017

Un poco sobre Hungría y 1848

Todos los años, el 15 de marzo se celebra la fiesta nacional de Hungría, que conmemora el inicio de lo que  los húngaros llaman "Revolución y Guerra de Liberación" de 1848-49 contra los Habsburgo. No se trata de celebrar una victoria, ya que los revolucionarios húngaros fueron derrotados por las fuerzas unificadas de la reacción. Sin la intervención directa de las tropas zaristas, la posición de los Habsburgo habría sido insostenible. La derrota de la revolución desencadenó una brutal represión contra los húngaros que duró alrededor de dos décadas, hasta la llegada del Compromiso de 1868. A nivel internacional la Revolución de 1848 se enmarca dentro de la Primavera de los Pueblos contra el absolutismo. Básicamente se trataba de revoluciones liberales burguesas de carácter nacionalista (porque iban dirigidas contra el dominio absolutista y, en el caso de los pueblos oprimidos, contra los grandes imperios dominantes en la Europa de entonces).

Típica escarapela, imprescindible el 15 de marzo en Hungría. Fuente: Wikipedia.


En la actualidad en Hungría la fiesta ha pasado de ser la conmemoración de un heroico hecho del pasado a servir de palestra para mostrar los conflictos políticos actuales. No es que antes estuviera exenta de política interna, para nada (a fin de cuentas los partidarios más radicales de la contrarrevolución de 1956 usaban tras el fracaso de esta el lema MUK - Március Újra Kezdődik, "Marzo comienza de nuevo"), pero tras la caída del socialismo todos los partidos del parlamento tras la reivindicaban como una fiesta nacional. Fue el Fidesz de Orbán el que promovió activamente casi hasta el absurdo la identificación entre el 15 de marzo y la política del momento en las primeras elecciones en las que tuvo que defender su gobierno (las del 2002, tras el primer gobierno orbanista de 1998-2002), cuando fue consciente de que solo con los votos tradicionales de la derecha no podría renovar su mandato y radicalizó su discurso buscando atraer el voto de la extrema derecha, La cosa estuvo a punto de salirle bien, absorbió todos los votos conservadores y ultras convirtiéndose en el único partido de derechas del parlamento (en las elecciones de 1998 hubo 3, si no contamos, claro a liberales y socialistas, que no dejan de ser derecha también, aunque se hagan llamar la izquierda; como resultado colateral la extrema derecha se hundió y desapareció del parlamento). Fidesz llegó a ganar la segunda vuelta con casi 200 mil votos de ventaja respecto a los socialistas (la primera vuelta la había perdido por casi 60 mil votos), pero no le bastó porque gracias a los resultados de la primera vuelta se formó un gobierno progre-liberal. Volviendo al tema, fue entonces cuando las posturas en torno al 15 de marzo se radicalizaron y la "kokárda" (la escarapela típica con los colores nacionales que está de moda llevar ese día) se convirtió casi en cuestión de estado. Desde entonces, el 15 de marzo se ha convertido en el momento en el que los partidos aprovechan para llevar agua a su molino y movilizar a sus fieles contra el "enemigo" (los social-liberales -o wahabíes seculares, me apropio de esta acertada denominación-  han adoptado la misma táctica, supongo que a falta de una idea mejor).

Polacos en Budapest para celebrar el 15 de marzo. "Dos buenos amigos protegen Europa", en referencia a la crisis de los refugiados y usando un conocido lema "Magyar, lengyel, két jó barát" (El húngaro y el polaco, dos buenos amigos).  Fuente: 24hu


Desde hace algunos años, además, se ha hecho habitual la presencia de invitados polacos en las celebraciones, especialmente en el discurso del Primer Ministro (Viktor Orbán) frente al Museo Nacional. No se trata de que envíen solo una delegación política o algo así, no, para nada, sino que, además de la representación oficial, vienen multitudes en autobuses desde diferentes zonas de Polonia. Hay que recordar que en la Revolución de 1848 en las filas húngaras lucharon muchos polacos, de hecho Jozef Bem, Henryk Dembińsky y otros son considerados héroes por su participación en favor de la libertad de Hungría. Los giros políticos de los últimos años han reforzado más aún la presencia polaca en las fiestas, aunque este año los polacos no están tan contentos con los húngaros del Fidesz, hace unos pocos días, Fidesz votó en favor de Tusk como Presidente del Consejo de Europa, en contra de la opinión del gobierno polaco, que prefería otro candidato (Jacek Saryus Wolski) y como respuesta, el viceministro de exteriores polaco, Jan Dziedziczak, ha anulado su visita a Budapest alegando motivos de trabajo[1].

El Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán, en el tradicional discurso ante el Museo Nacional el 15 de marzo. Fuente: Híradó


Por otro lado, obviamente, de acuerdo al momento político ha ido cambiando la valoración de los acontecimientos de 1848 y de sus participantes. Por supuesto, hasta 1868 estuvo prohibida cualquier manifestación que recordara lo sucedido y cualquier intento de conmemoración era duramente reprimido (por ejemplo el asesinato de Géza Forinyák por llevar flores al cementerio Kerepesi, cuando la policía disparó contra los participantes en el acto). Después del Compromiso de 1868 las autoridades hacían la vista gorda y se permitía la conmemoración, aunque sin mucho entusiasmo. A finales del siglo XIX se intentó integrar la conmemoración con la simbología del Compromiso, resaltando los elementos partidarios de este, aunque se cambió la fecha de la celebración oficial a abril. Hubo que esperar hasta 1927 para que se recuperara la festividad del 15 de marzo. En la época de la construcción del socialismo se consideró festivo hasta 1951. Por supuesto, se recuperó en 1956 y posteriormente seguiría celebrándose, enmarcada dentro de las celebraciones del 21 de marzo (por la Comuna Húngara), solo a partir de 1989 se convirtió en una de las principales festividades húngaras. Por otro lado, en el movimiento revolucionario húngaro de 1848 se suele distinguir entre dos posturas, la moderada, más liberal, representada por István Széchenyi, y por otro lado la democrática radical, cuya figura más destacada es Lajos Kossuth. En los últimos años se ha revalorizado la postura de Széchenyi, mientras que la figura de Kossuth está siendo relegada a un segundo plano. Por supuesto, la propaganda es la propaganda, de Széchenyi se ha hecho hasta una película hagiográfica (Hídember, 2002), muy criticada por la imagen maniquea que ofrece de Kossuth y por sus más que discutibles valores artísticos. Y no es de extrañar, Széchenyi representa la política de reformas moderadas, desde arriba, apoyándose en la propia aristocracia y la nobleza, mientras que Kossuth prefería reformas radicales y se apoyaba en las capas sociales menos favorecidas, al menos de palabra, claro (porque cuando estuvo en el poder siguió una política bastante más moderada). Frente a este culto promovido desde el poder en los últimos años, también ha existido tradicionalmente un culto a Kossuth, más extendido entre el pueblo, y no solo entre los húngaros (también por ejemplo entre los eslovacos, parece que Kossuth tenía orígenes eslovacos). En cualquier caso, hay que tener en cuenta que este conflicto ideológico Kossuth-Széchenyi es tradicional en Hungría, no es solo característico en la actualidad, y tampoco olvidemos que las posturas representadas por ambos no dejan de ser dos corrientes dentro del mismo movimiento liberal húngaro. En los años treinta los gobiernos conservadores se adueñaron casi de la figura de Széchenyi, aunque a finales de la época cobró de nuevo importancia la de Kossuth. En la época de la construcción del socialismo se prefería a personajes no vinculados a la nobleza (Széchenyi era de familia aristocrática, Kossuth de la pequeña nobleza empobrecida, sin tierras), sino a figuras más radicales como por ejemplo al poeta de la revolución, Sándor Petőfi, o al socialista utópico Mihály Táncsics, cuya revista Munkások Újsága - Periódico de los Obreros-, por cierto, fue prohibida por Kossuth en 1848. Uno de los principales marxistas húngaros de comienzos del siglo XX, Ervin Szabó, escribió bastante sobre el culto a Kossuth y sobre la valoración de Kossuth que podía hacerse desde el marxismo, a pesar de que el joven F. Engels hablara de él como, y cito, "(...)un revolucionario verdadero, un hombre que se atreve a aceptar en nombre de su pueblo el desafío de una guerra desesperada, un hombre que es para su país Dantón y Carnot en una misma y única persona: Luis Kossuth"[2]. Szabó rechaza la idea que la burguesía liberal dirigiera el movimiento, sino que considera que es la pequeña nobleza la principal impulsora y el elemento dominante (no en sus primeros momentos, sí después), de ahí que las reformas radicales quedaran empantanadas; Szabó rechaza de plano la idea de Kossuth como Dantón y escribe que: "El proletariado húngaro que pone entre los grandes a Sándor Petőfi o a Mihály Táncsics, no puede contar entre ellos a Lajos Kossuth." (en el periódico Népszava, 1902). Por lo demás, de Kossuth (que rechazó explícitamente el socialismo en varias ocasiones) también se critica mucho que huyera cuando todo parecía perdido, dejándole el marrón a Artur Görgei y a los que se quedaron en el país y sufrieron la represión. En cualquier caso es curioso como cambian con el paso del tiempo y de acuerdo con quien gobierna las valoraciones de sucesos y personalidades de la época, aunque de todas formas, 1848 siempre ha sido la conmemoración de la lucha por la libertad nacional de Hungría.

Por otro lado, este artículo solo pretendía ser un pequeño comentario sobre 1848, queda un artículo (o dos) pendientes más en concreto sobre los acontecimientos de 1848 y no tanto sobre su valoración actual o en la forma en que se usa en las luchas diarias de Hungría.

Monumento al general polaco Józef Bem, héroe de la Revolución de 1848, en Budapest. Fuente: Wikipedia

Fuente: Bicske



Fuentes:

Index

Engels, F.: Papel del paneslavismo en la política rusa de anexión, 1849 (en Marx, Engels: Los nacionalismos contra el proletariado. Selección de textos, Ediciones Espartaco Internacional, 2008. Páginas 46-47).

Magyar Nemzet (sobre el culto a Kossuth)

Múlt-kor (sobre el culto y las valoraciones que se han hecho a lo largo de la historia del 15 de marzo).

Szabó Ervin: A Kossuth-ünnep. (colección de citas de Szabó sobre Kossuth, sacadas de contexto, claro, pero bueno).

Szabó Ervin: Hol az igazság? (el libro completo se puede bajar, en húngaro, claro, en este enlace)