sábado, 20 de diciembre de 2008

Fascismo lingüístico

España es en eslovaco Španieľsko, Londres se dice Londýn, Leipzig - Lipsko, Chemnitz - Kamenica, Venecia - Benátky, Oradea (ciudad rumana cerca de la frontera con Hungría) - Varaždin, Viena - Viedeň, y podríamos seguir con un largo etcétera.
Si quiero decir en eslovaco Voy a España, digo Idem do Španieľska, a nadie que no fuera un extranjero desconocedor de la palabra concreta se le ocurriría decir Idem do Españie, idem do Spainu, o pongamos por caso, Idem do Spanyolországu (en húngaro España es Spanyolország). De igual modo, si estamos hablando español a nadie se le ocurriría decir Voy a Rossia, voy a Moskva o voy a London... por ejemplo. Y en húngaro, decimos Spanyolországba megyek y no Españaba megyek o Spainba megyek.

(Ivan Gašparovič, presidente de Eslovaquia. Foto de la agencia SITA)

Esto, me parece, es algo que cae por su propio peso, más lógico imposible, no debería ni ser explicado por ser evidente. Bueno, pues el señor, perdón pán (en eslovaco), Iván Gašparovič, presidente de la República Eslovaca (perdón, !qué lapsus!, quise decir Slovenská Republika) no lo ve así. Según él, si el nombre oficial de la capital de Eslovaquia es Bratislava, da igual que en húngaro, sea (y haya sido desde hace cientos de años) Pozsony, si alguien habla húngaro, debe usar la forma Bratislava, aunque ésta no sea húngara. Según esto, veo a mis conocidos eslovacos diciendo pôjdem do España do Costa del Solu o algo por el estilo.

Así que el važený pán (estimado señor) se ha negado a firmar la nueva ley que habría permitido el uso de las lenguas minoritarias en los libros de texto para las minorías de Eslovaquia. La ley, que se refería sobre todo al uso de la lengua húngara, había sido en principio aprobada por el parlamento después de haberse llegado a un difícil consenso: los húngaros, que no querían que en un texto húngaro hubiera topónimos eslovacos, accedieron finalmente a que se incluyera entre paréntesis, después de la palabra húngara. Robert Fico y otros políticos que no querían ver un solo topónimo húngaro en un libro eslovaco, accedieron al final a que la palabra húngara apareciera en su sitio, siempre y cuando, a su lado, entre paréntesis estuviera también su correspondiente eslovaco. Al acuerdo, se opusieron unos cuantos, faltaría más, los ultranacionalistas de Slota y compañía. Pero la ley pasó por el parlamento y fue aprobada gracias con los votos de los diputados de oposición y de Smer (el principal partido del país). Sólo faltaba la firma del presidente para cerrar uno de los múltiples capítulos de tensión entre los eslovacos y los húngaros de Eslovaquia... pero se ha negado a firmar, según él es anticonstitucional que en un libro oficial aparezcan nombres geográficos en una lengua que no sea el eslovaco.

(el presidente y tras él la bandera eslovaca. Foto de Robert Hüttner. Periódico Pravda, www.pravda.sk)
Según el periódico eslovaco Pravda, las razones hay que buscarlas en el apoyo prometido por los ultranacionalistas eslovacos a Gašparovič para las próximas elecciones presidenciales (su partido es bastante débil y está fuera del parlamento). En opinión del articulista, en la decisión no hay nada de patriótico o nacional, sino única y exclusivamente el mero cálculo político y con ello, el presidente está dañando los intereses de Eslovaquia, sin contar que supone la ruptura del acuerdo entre Fico y Gyurcsány de hace unas cuantas semanas.

Algunos ciudadanos eslovacos, a pesar de eso, están contentos con un presidente así. Eso es lo más triste.

En fin, no hace mucho, un diputado húngaro (conservador) del parlamento eslovaco afirmó que lo que pretendían algunos diputados eslovacos era algo que ni siquiera en la época comunista había pasado (por aquel entonces se editaban libros en húngaro, con la topografía en húngaro). Pues eso.

Fuentes: Pravda (www.pravda.sk), Sme (www.sme.sk), Index (www.index.hu)

2 comentarios:

Oscar dijo...

El tema de los nombres es algo más complicado de lo que pueda parecer a primera vista.
Un nombre no solo relaciona a una persona o a un lugar, también lo relaciona con su orígen, recuerdos, interrelaciones anteriores o incluso aspiraciones futuras. Por esto hay gente que se cambia su nombre, o hay conquistadores que cambian los nombres de los lugares que controlan (pasó en España con todos los nombres que se alteraron durante la dictadura).
Yo opino que los nombres no deberían venir nunca impuestos desde fuera, cada pueblo debería tener el nombre que le es própio según la opinión de la mayoría de sus propios habitantes (eso no significa cambiar el nombre por que sí).
Y pienso que, por respeto, ese nombre no se debaría traducir salvo por necesidades lingüísticas. Por ejemplo, como español entiendo que adaptemos Oslo o Moers, pues el original resulta muy complicado de pronunciar, pero no entiendo por que traducimos London o Napoli.

jozko dijo...

!Hola Oscar!

Exacto, tienes razón. Por eso, como dices, borrar los nombres o cambiarlos, tiene en realidad mucho más significado que el simple hecho de un mero cambio superficial. En el caso que se comenta el artículo, es el intento de borrar la identidad de los húngaros (para los eslovacos no existen húngaros en Eslovaquia, sino que son eslovacos hungarizados). Un tema no solo triste sino ridículo también.

Muchas gracias por tu comentario.

Saludos