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domingo, 20 de septiembre de 2015

Alemania pierde la inocencia en el asunto de los refugiados

El segundo artículo que quería subir al blog, naturalmente también una tradución, lo he sacado de Index.hu, una de las páginas liberales más populares de Hungría. A pesar de eso, me ha parecido un artículo muy interesante, que explica bastante bien todo lo que ha pasado, aportando numerosos datos no muy conocidos. Al final, en mi opinión, se le va un poco la olla y da una imagen demasiado positiva de Merkel, aunque es de agradecer que solo sea al final y durante el artículo eso no sea muy evidente y evite el dibujar un conflicto entre blancos y negros, explicando de manera coherente como se ha llegado a esta situación dentro de la diplomacia europea (las causas últimas del conflicto no son parte del artículo). Digamos que, en mi opinión, la última parte del artículo no está a la altura de la anterior y sobraba, pero bueno, no me parecía honrado suprimirla.

Una nota importante: el artículo está lleno de enlaces y referencias, fuentes de las afirmaciones del autor. Como siempre son artículos húngaros, en la medida de lo posible -no siempre he podido- los he sustituido por artículos en español que hacen referencia a esas mismas noticias (o en su caso en inglés, que me parece más accesible a la mayoría de lectores, que el húngaro).



¿Ha tenido lugar un giro de 180 grados en la política de refugiados de Alemania y Austria? ¿Se la están replanteando? ¿Actúan de manera consecuente o ciertamente se dedican a hacer declaraciones y a tomar medidas contradictorias mientras improvisan a la desesperada? Los analistas, y también nosotros, intentamos descifrar y explicar lo sucedido las últimas dos semanas desde los diferentes los puntos de vista.  

Una cosa es segura, Alemania y Austria han perdido su inocencia en el asunto de los refugiados. Los poemas de amor verdadero y eterno tampoco se corresponden con el complicado mundo real de hombres y mujeres. Parece ser que la crisis de los refugiados es demasiado complicada como para ser solucionada aludiendo rutinariamente a los valores fundamentales de la UE, a los acuerdos de Ginebra o a la regulación de Dublín, o agitando las banderas de un sistema de cuotas inventado en oficinas con aire acondicionado de Bruselas o Berlín.

Naturalmente, en Hungría ahora sonríen con malicia ante cualquiera: claro, claro, los alemanes y austríacos que no hacen más que meterse con nosotros, finalmente tienen que enfrentarse a la dura realidad. Pero eso no significa que los valores europeos sean superfluos: realmente, la situación solo puede ser solucionada con la cooperación europea, pero mientras llegua, los principios ideológicos han resultado ser demasiado débiles. Veamos pues cuantas contradicciones han surgido en los últimos meses.

¿Locura? ¿Chiste?

A diferencia del canciller austríaco, que una vez en el punto de mira por la crisis de los refugiados ha evidenciado que sus cualidades políticas son más bien modestas, no podemos decir que Angela Merkel sea una veleta. Desde la primavera lleva intentando imponer en la UE el reparto de los refugiados y la carga que eso conlleva, vamos, el sistema de cuotas, y en la actualidad sigue haciéndolo una y otra vez. En teoría, tiene razón en que la única solución es una actuación conjunta de los miembros de la UE.

Sin embargo, ya en mayor Viktor Orbán calificó al sistema de cuotas como una completa locura, y no precisamente desde el punto de vista ideológico, sino desde una motivación eminentemente práctica. ¿Es cierto que se puede repartir los refugiados sin saber quienes son, mientras llegan sin obstáculos ni control al territorio de la UE? A estas alturas, hasta el Spiegel escribe que si el sistema de cuotas llega a ser instaurado alguna vez, no va a ser más que un mal chiste. ¿Vamos a atar a los refugiados en Praga o Budapest para que no se vayan a donde mejor les plazca? -esta pregunta la planteaba un publicista de dicho medio (la propuesta alemana, desde este punto de vista, tampoco es que no tenga los pies de la tierra, ya que los refugiados aceptados solo recibirían las ayudas sociales en los lugares que les han sido asignados).

Lo que no se le permite a Júpiter

Alemania lleva avisando continuamente los últimos meses a Hungría y a todos los demás miembros de la Unión, que no intenten ninguna solución individual en el caso de los refugiados: la regulación de Dublín sobre la acogida de refugiados está en vigor para todos, todos están obligados a cumplirla, y solo así realmente es capaz de funcionar.  Aunque Grecia hace ya mucho que no registra a los refugiados en su frontera Schengen, el foco de atención se ha vuelto rápidamente hacia Hungría. Y eso que solo a finales de junio comunicó Hungría que "por falta de capacidad" no podía recibir a los refugiados deportados hacia Hungría desde otros estados de la UE. Bastante ocupados estábamos con el registro de la multitud de refugiados que llegaban al país, aunque seguíamos teniendo la intención de cumplir escrupulosamente nuestra obligación como miembros de la unión.

En la frontera alemana identifican con cintas de papel numeradas a los refugiados. Foto: Dominic Ebenbichler/Reuters.


Inmediatamente Austria conminó a Hungría a cumplir Dublín, aunque ellos mismos, dos semana antes, habían ordenado que solo se juzgara las peticiones de asilo ya entregadas, porque para las nuevas solicitudes no tenían suficiente personal. Para entonces los alemanes también tenían idea de lo que es la falta de capacidad: la Oficina Federal de Emigración ya entonces tenía pendiente 250 mil solicitudes de asilo.

Todavía a finales del verano, las relaciones húngaro-alemanas y húngaro-austríacas no suponían ningún conflicto especial. En agosto, Merkel, ocupada con los incidentes xenófobos en Heidenau, anunció tolerancia cero frente a los nazis, que habían atacado ya varias decenas de campamentos de refugiados. La canciller alemana llegó entonces incluso a alabar a Hungría por registrar consecuentemente a los refugiados, pero de nuevo avisó al gobierno húngaro de que no podía dejar de cumplir las normas de Dublín. Para poder hacerlo, los propios austríacos nos ofrecieron su ayuda.

La solución individual alemana

El 27 de agosto, durante una conferencia en los Balcanes, el canciller austríaco Werner Faymann, considera lo más importante el combate contra el tráfico ilegal de personas. Debrió presentirlo casualmente. Justo ese mismo día se descubrió en Austria el camión frigorífico  en el que habían muerto por asfixia 71 refugiados sirios. Esa horrible catástrofe (que las semanas anteriores había sido precedida por la tragedia del Mar Mediterraneo, que había producido más víctimas todavía) ocultó una medida alemana de gran calibre. 

Policías alemanes deteniendo un vehículo que trasladaba refugiados ilegales durante un control. Foto: Dominic Ebenbichler/Reuters.


Se trató de una solución individual, algo contra lo que  precisamente los mismos alemanes habían  advertido a todo el mundo. El 24 de agosto, la oficina de refugiados alemana, comunicó en una circular la orden de que por sobrecarga de trabajo no iba a aplicar a los refugiados de Siria la regulación de Dublín, vamos, que no iba a deportarlos a los países de la Unión en los que se los hubiera registrado en un primer momento (que es a lo que obliga la regulación de Dublín, nota de Crónicas húngaras). Esta media, o más bien el malentendido que causó, fue como una bomba entre los refugiados que ya se encontraban dentro de las fronteras europeas.


La bomba de relojería

En vano explicaron después los alemanes que esa medida se refería solo a los que esperaban la resolución de sus solicitudes en Alemania, los refugiados que marchaban hacia Europa Occidental, a través de las rutas balcánicas, y los que languidecían en Röszke y en la estación de Keleti en Budapest lo entendieron de la siguiente manera:  Alemania aceptaría a todos los refugiados sirios. En vano aclaró Merkel, casi desde el primer momento, que hay que acoger a los que llegan de zonas de guerra, pero que los "emigrantes económicos" no tienen lugar en la UE, todo el mundo escuchaba solo la primera parte de la frase. En vano dijo el ministro de interior alemán que la regulación de Dublín sigue estando en vigor; la confusión era solo propaganda de los traficantes de refugiados, el proceso ya era imposible de detener. La cosa llegó a su cumbre cuando el  director de la oficina de refugiados la lió más todavía al declarar que no hay un límite superior en cuanto al número, Alemania era capaz de integrar a todos los refugiados. El presidente de la oficina acabó dimitiendo.

A partir de ese momento Hungría intentó en vano cumplir con el registro al que le obligaba la ley. Pero todos los refugiados querían marcharse a Alemania inmediatamente. En ese ambiente cada vez más exaltado, ni la política ni los medios de comunicación alemanes o austríacos fueron capaces de entender por qué las insensibles autoridades húngaras no permitían el paso a los refugiados hacia Alemania. ¿Y por qué no lo permitían? Pues porque las leyes especifican claramente que los refugiados no pueden viajar de un país de la UE a otro. A la vista de las manifestaciones en la estación de Keleti y de las masas de refugiados caminando por la autopista, un acuerdo austro-alemán de última hora  resolvió la situación: Hungría podía dejar marchar a los refugiados. Desde entonces Orbán repite ofendido los acicates alemanes, "la carta de invitación de Merkel", que volvió imposible el registro de los refugiados por su falta de cooperación. 

Faymann pudo devolvérsela a Orbán, al asegurar que este le había engañado, porque le prometió como mucho 4 mil refugiados pero en un fin de semana se presentaron 13 mil en Austria. Merkel y Faymann justificaron esta medida, que les valió numerosos ataques en sus propios países, con que había que tomar una decisión extraordinaria en una situación de catástrofe humanitaria.


Wilkommenskultur

Si hasta entonces los alemanes y austríacos apenas habían dado algún toque de atención a los húngaros por el asunto de los registros de refugiados, sí que habían criticado duramente a Hungría por las condiciones inhumanas de los refugiados. Alemania y Austria se esforzaron en demostrar cómo se puede aceptar a los refugiados de manera humana y europea. En Alemania llevaron esto hasta la exageración, cuando aplaudían entusiasmados a los refugiados que iban llegando y los trataban como estrellas. Había nacido un nuevo concepto alemán: la cultura de la acogida y la hospitalidad (Wilkommenskultur).

Refugiados a la llegada a Munich, desde Hungría. Foto: Christof Stache/AFP.


Solo después Austria y Alemania empezaron a enfrentarse con la verdadera naturaleza y complejidad del problema. La acogida y abastecimiento de una multitud de refugiados tan ingente y que llegaba a tanta velocidad es prácticamente una tarea logística irresoluble. Munich se llenó de inmediato y lo vio claro: la cooperación no es que no funcione a nivel europeo, es que ni siquiera lo hace entre los estados alemanes. Abandonaron a su suerte la capital de Baviera, y Berlín y el resto de estados alemanes mandaron ayuda tarde y mal. Mientras tanto llegaban cada vez más indicios del problema respeto a la seguridad. Fabrice Leggeri, director de la agencia Frontex, de defensa de las fronteras europeas, llamó la atención sobre la red de falsificación de pasaportes sirios que funciona en Turquía, y que ayuda a los refugiados a entrar en Europa. Cada vez se planteaba más frecuentemente en Alemania cuántos simpatizantes del estado islámico podía haber entre los refugiados. El problema real es que nadie puede decirlo exactamente, ya que nadie puede revisar su identidad.

Baviera y Orbán, dos buenos amigos

No es casual que el cambio en la política sobre los refugiados en Alemania haya surgido precisamente en Munich. El cambio lo impuso la Unión Cristiano Demócrata (CSU) muy fuerte en Baviera (es casi imposible encontrar un paralelo entre la CSU, que lleva gobernando durante décadas uno de los estados alemanes más ricos, y el KDNP -cristianodemócratas- húngaro). 

El presidente de la CSU, Horst Seehofer, convenció a Merkel de que no hay otro camino más que reintroducir el control de las fronteras. Los dirigentes de la CSU no solo invitaron a Orbán a Munich, sino que enumeraron ante Merkel los principios ya señalados por Orbán. Y a ellos los escuchó (aunque tambien es verdad que según Bild, el principal argumento fue la amenza de abandonar la coalición de gobierno). 

Según el CSU la acogida sin restricciones de todos los refugiados, más allá del evidente problema de seguridad, tenía un efecto llamada e incitaba a las masas a ponerse en camino. Los bávaros avisaron también de que si el número de refugiados superaba el de nacimientos, eso cambiaría "la base cultural" de una sociedad. En una semana más de 70 mil refugiados llegaron a Munich, y el número de nacimientos en el estado es de 109 mil al año. Es significativo que el domingo por la tarde, no fue Merkel, sino el ministro de interior Thomas de Maziere, quien hizo el anuncio de importancia capital sobre el control fronterizo en Alemania.



Desde entonces, los alemanes han tenido que hacer frente a nuevos fenómenos. Un policía alemán, por ejemplo, se quejó a Spiegel, de que el control fronterizo no vale un pimiento. Dibujó un sorpendente cuadro, en el que casi todos los refugiados se declaran, curiosamente, sirios, y la policía solo tiene razón para dudar de eso cuando lo dice una persona procedente claramente del África Negra. 

Tampoco concuerda con la heroica atmósfera que rodea a los refugiados el hecho extraño que tuvo lugar el lunes. En varias ocasiones, los viajeros pararon un tren cargado de refugiados que iba a Berlín, usando los frenos de emergencia, y cientos de refugiados salieron del tren y se perdieron en la nada. Resulta que los mismos refugiados que no hacían más que gritar el nombre de Merkel como su salvadora, sencillamente no querían ir a Berlín. Muchos incluso rechazaban el registro a las autoridades alemanas porque preferían ir a Suecia u otro país escandinavo, donde son más fáciles las exigencias para solicitar asilo.

 Puede también matizar la imagen formada de los refugiados los incidentes que estallaron en la estación fronteriza húngara de Röszke, aunque la prensa alemana en su mayor parte de lo único que informó es de la policía, que atacaba con gases lacrimógenos y cañones de agua a los refugiados, entre ellos mujeres y niños.

Un par de logros políticos

Hay que informar también, aunque sea brevemente, de los logros políticos del canciller socialdemócrata que dirige Austria desde el 2008. Werner Faymann, que se encuentra en plena lucha política con sus socios de coalición para las cada vez más cercanas elecciones locales de Viena, ha atacado duramente y en numerosas ocasiones a Hungría, haciendo una serie de declaraciones a cual más contradictoria. Desde el principio Faymann avisó a Hungría de sus obligaciones humanitarias y respecto a la Unión Europea, incluso llegó a comparar el tratamiento de las autoridades húngaras con los refugiados con el holocausto, pero ha quedado claro que en Austria tampoco les dicen a los refugiados que no les trasladan a Alemania

Control policial en el campamento de refugiados de Röszke. Foto: Huszti István/Index


Mientras tanto da la impresión de que Austria está en una situación cada vez más excepcional: sabiendo que entre los refugiados apenas hay quien quiera quedarse allí, ni siquiera los registra y solo acepta un papel para transportarlos hacia Alemania. Faymann en este asunto está totalmente del lado alemán, y junto a ellos, exige una solución común europea. Pero no deja de hacer declaraciones a cual más patética  sobre las obligaciones humanitarias para con los refugiados de una UE galardonada con un Premio Nóbel de la Paz. Levente Magyar, secretario de estado húngaro para asuntos exteriores, llamaba la atención sobre el hecho de que Faymann, que se pinta a sí mismo como salvador de los refugiados, a la hora de la verdad, entre bastidores no hace más que presionar a otros estados, entre ellos también a Hungría, para mantener por todos los medios lejos de Austria a los refugiados.

Con relación al asunto de los refugiados que marchaban por la autopista M1 desde Hungría hacia Austria, el 4 de septiembre, János Lázár, jefe de ministros  en Hungría, esperó en vano una respuesta oficial, el canciller alemán solo dijo: ya me ocuparé mañana por la mañana del tema. Pero finalmente, ese mismo día por la noche, informó a través del facebook que permitía el paso de los refugiados.  Pero el mayor ridículo llegó cuando, después de que los alemanes introdujeran, el control fronterizo, Faymann desmintió que Austria se preparara para una medida similar, mientras que Sebastian Kurz, ministro de exteriores del Partido Popular de la gran coalición que gobierna Austria, el mismo día exigía precisamente ese control. Para evitar el bochorno, Faymann acabó declarando únicamente que introducían al ejército para ayudar a la policía. También en el caso de Merkel, el anuncio del restablecimiento del control fronterizo lo hizo otro: Reinhold Mitterlehner, vicecanciller del Partido Popular.


Es evidente que Faymann ni siquiera es capaz de entender la realidad ahora mismo. El martes afirmó que habría control fronterizo, pero que no se podía controlar a todo el mundo sin excepción. "Si por ejemplo llegan tres mil personas y necesitan medicinas urgentemente, entonces las autoridades no pueden controlarlos por completo"- dijo. Seguramente el canciller austríaco no había oído de una de las estrategias que están usando los refugiados en la frontera serbio-húngara. Se esperan mutuamente para formar grupos grandes porque saben que si entran a la vez, no hay manera de registrarlos o controlarlos.


El despertar

En la opinión pública alemana está produciéndose ahora mismo una especie de despertar. El dibujo en blanco y negro sobre el asunto de los refugiados no se puede mantener más tiempo. Naturalmente que para Alemania, por razones demográficas y económicas, en teoría le viene bien esta masa de varios centenares de miles de jóvenes formados y en edad de trabajar. Solo que el propio ministro de trabajo alemán, Andrea Nahles, ha afirmado que menos del 10% de los refugiados disponen de una formación con la que puedan encontrar trabajo en Alemania, y según el ministro de interior alemán, entre el 15-20% podrían ser analfabetos. Vamos, que los médicos sirios no representan la media entre los refugiados. 

Alojamiento para refugiados improvisado en un pabellón deportivo del Parque Olímpico de Berlín. Foto: Kay Nietfeld/AFP.


Y nadie querría que los neonazis copen el tema con sus medios simples, especialmente con sus cócteles Molotov arrojados a campamentos de refugiados.  Una investigación sobre la opinión pública alemana, realizada por el IfD, muestra que a diferencia de la mayoría de los países, el 70% de los alemanes no está en contra de la emigración. Y no depende solo de la política, la población también se ha dirigido con los brazos abiertos a los refugiados. Pero en este asunto hay una gran diferencia entre los estados occidentales y orientales: mientras que en la zona occidental el 74% apoya la acogida de refugiados, en los estados de la antigua RDA es solo el 53%. Según una encuesta realizada a comienzos de septiembre por la agencia Emnida para el canal N24, en opinión del 56% de la población los refugiados podrán integrarse en la sociedad alemana, pero el 31% piensa que no. El 65% opina que de esta manera puede detenerse el irremediable y peligroso proceso de envejecimiento de la sociedad. Al mismo tiempo, según el 66%,  esto puede suponer una inmensa carga para el sistema de protección social alemán, y el 64% opina que la acogida de refugiados sirios puede ser el germen de nuevos conflictos. La investigación del IfD muestra que aunque hay preocupación en mucha gente por los problemas que puede suponer la acogida de los refugiados, en gran parte de Alemania no hay xenofobia ni una radicalización de la sociedad, vamos, que este problema no está fortaleciendo a los partidos de extrema derecha.

Hasta el momento, Merkel ha manejado el problema mezclando arguementos racionales y sentimentales. En muchas ocasiones ha declarado claramente que quien no está huyendo de un conflicto bélico, no será aceptado por Alemania. A su vez, la canciller ha visitado campos de refugiados, se ha hecho selfies con ellos, y ha ofrecido consejos directos a las mujeres refugiadas. Esta dualidad entre la cuestión racional y sentimental se ve especialmente en el programa de televisión en el que intentó consolar a una niña palestina anegada en llanto, a la que esperaba la deportacion, pero como canciller, tampoco podía decir otra cosa: aquel que no es refugiado no puede quedarse en Alemania. El principal mensaje de la canciller hacia Alemania y el mundo era que la obligación de Alemania es ayudar, que el país es fuerte y capaz de manejar esta crisis. 

Según expertos, con el cambio de dirección actual de la política alemana, Merkel no ha entrado en contradicción consigo misma, como mucho se trata solo de una corrección de su política. Las cosas aún ahora parecen consecuentes: el orden y la seguridad también son importantes, por eso hay que controlar las fronteras, pero todavía pueden acoger a los verdaderos refugiados, lo que es más, de esta manera se puede filtrar mejor a aquellos sin derecho a estatus de refugiado.

Según el publicista de Spiegel mencionado, Merkel, que ha manejado con éxito la crisis europea y la del clima, siempre sigue una estrategia similar. Nunca esboza planes a gran escala de antemano, separa las labores en pequeñas tareas parciales y avanza a pequeños pasos. Esto hace que si es necesario pueda introducir desvíos en su política. Antes de la catástrofe atómica de Fukusima, por ejemplo, era partidaria de la ampliación del periodo de vida de las centrales nucleares, después, sin embargo, anunció la sustitución completa de las centrales nucleares para el 2022. Ahora va a necesitar también de varios desvíos. 
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Todas las fotos aparecen en el texto original, aquí.

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